Además de tener un impacto ecológico muy fuerte, del que oímos hablar a menudo en los medios de comunicación, la contaminación atmosférica es muy perjudicial para nuestra salud.
Según un estudio dirigido por el Dr. Rob Beelen (Universidad de Utrecht, Países Bajos) y publicado en la revista médica The Lancet en 2013, un aumento de 5 microgramos por metro cúbico en la concentración de PM2,5 aumenta la mortalidad un 7%.
Diámetro de los contaminantes
La tabla anterior da una indicación del tamaño medio de los distintos contaminantes. Cuanto más gruesa es la partícula, más puede combatirla el organismo; por el contrario, cuanto más fina es la partícula, mayores son los riesgos.
Hay dos tipos de partículas. Las que tienen un diámetro superior a 10µm, que son visibles a simple vista, sobre todo en los días soleados, y las partículas menores que PM 10, que son invisibles para el ojo. Estas últimas constituyen la mayor parte del polvo y son también las más peligrosas. Además, como su masa es tan baja, están sujetas a las corrientes de aire y se dispersan muy fácilmente. Todos los aerosoles entran en esta categoría.

Granulometría del polvo y sus efectos
El diagrama anterior muestra el nivel de penetración de las partículas en el cuerpo en función de su diámetro. Cuanto más finas sean, más profundamente se alojarán en el cuerpo y más difícil será excretarlas.
Naturalmente, el cuerpo puede expectorar polvo gracias a sus cilios pulmonares. Éstos empujarán la partícula hacia el tubo digestivo y la eliminarán mediante la digestión. Pero determinadas poblaciones son más vulnerables. Por ejemplo, los fumadores tienen muchos menos cilios pulmonares, por lo que tardan más en excretar partículas. Los asmáticos son más sensibles a la contaminación atmosférica…
Uno de los factores más importantes de la toxicidad de las partículas es la biopersistencia: el tiempo que tarda el organismo en expulsar el polvo.
Otro factor son las PM 1. Estas partículas son tan finas que atraviesan los alvéolos pulmonares y migran directamente al torrente sanguíneo. Esto ocurre sobre todo con el humo de los cigarrillos, los virus, los pesticidas, etc.

Tiempo de sedimentación
Todas las partículas precipitan. Pero en el caso de las partículas ultrafinas, pueden pasar varios días antes de que se depositen en el suelo.
Son la masa y la densidad del polvo las que determinan su velocidad de sedimentación. Cuanto menor sea la masa, más tardará en precipitarse y más sensible será a las corrientes de aire.
Así que, teóricamente, si quisiéramos esperar a que todo el polvo se asentara, tendríamos que parar completamente el trabajo durante 15 días. Como esto casi nunca ocurre, las partículas más finas siempre permanecen en suspensión y se concentran.

Descubre qué son el polvo y los disolventes en la industria leyendo nuestro artículo dedicado, así como la guía completa sobre el tratamiento del aire industrial.
